jueves, abril 5

Jueves Santo.


HOMILIAS DE SEMANA SANTA por el P. Antonio Ciordia

Con el sacrificio, el sacerdocio. Ministerio sacerdotal. Una gracia de Dios tener a mano su gracia, su presencia salvadora. Ante una gracia, la postura más adecuada es hacernos agraciados y agradecidos. Es decir llenarnos de ella y expandirla por doquier. La gracia se nos da para vivirla y convertirnos por su fuerza, a nuestra vez, en gracia para otros. Los dones son para gozarlos y vivirlos.
“Haced esto en memoria mía”, dijo el Maestro durante la última cana. Una institución, un mandato, una misión. Todo en la fuerza del Espíritu Santo a través de la muerte y resurrección de Cristo. Detalle que se observa plásticamente cuando el sacerdote extiende sus manos sobre el pan y el vino y pronuncia las palabras de Jesús “Tomad y comed ... Tomad y bebed...”
Por parte de Dios es un Don, por parte de la Iglesia, una responsabilidad sagrada que ha de ser ejercida con amor y entrega. Un sacramento; un conjunto de gestos, signos y palabras que, por la acción del Espíritu tienen la eficiencia de realizar lo que significan. Jesús es el origen. Los evangelios sinópticos y Pablo lo relatan con devoción y detalle.
Es una institución. El ministerio descansa en los ministros. Y éstos, en el poder salvador de Cristo, Cabeza de la Iglesia y Sumo Sacerdote proclamado por Dios según el orden de Melquisedec. La carta a los Hebreos toma este asunto como centro y desarrollo del escrito.
Un don, una gracia, una responsabilidad. Como de Dios, trate el sacerdote ser un don en el don de Dios; como una gracia, trate de ser una gracia con todo su ser parar sus hermanos; como responsable, tome en serio este ministerio. La Iglesia acompaña a este ministerio con una serie de exigencias que no tienen otro fin que facilitar ser don y gracia para el pueblo de Dios.
Para la comunidad el sacerdote no es una persona privada, como en el fondo, ningún miembro de la Iglesia lo es.. Una conciencia clara de este ministerio y una ejecución debida de este mandato garantizan una presencia sacramental de Cristo fructuosa y fecunda. Y así crece la Iglesia como reino de Dios.
Es un momento oportuno para detenerse a contemplar este ministerio a la luz de Cristo y de la Iglesia. Para apreciarlo y para vivirlo personal y comunitariamente. Cristo Suma Sacerdote. No puede faltar la reflexión ni estar ausente el esfuerzo por apreciar la maravilla ni estar vacía la acción de gracias ni escondida la alabanza. No hay duda que esta actitud ha de cambiar algo en nuestra vida. Por parte del sacerdote, aprecio y estima del don y ministerio que ha recibido en bien del pueblo de Dios. Trate de ser una bendición. Por parte de los fieles una actitud de respeto de ayuda, palabra, obra, oración, por sus ministros. Dios se lo premiará.