Tengo Sed.

SOBRE LAS SIETE PALABRAS por el P. Angel San Eufrasio
Los Cristianos, los comprometidos con su Fe, nos hemos dado un tiempo de 40 días de meditación sobre los últimos momentos de Jesús antes de su Pascua. Momentos plasmados en unas palabras, marcadas todas ellas con el número siete, es decir, de una calidad expresiva sin igual de los sentimientos íntimos de Jesús.
Son las Siete Palabras y, como lo diría todo hebreo, la expresión sagrada y perfecta del lenguaje de Dios. Como Siete fue el orden perfecto de la Creación o Siete es la comunicación sacramental de Dios al hombre y Siete también será la manera de perdonar ofrecida al ofensor. Estamos interpelados por la finura divina y profunda del Siete, cuando escuchamos un lamento de sólo tres sílabas de duración: “Tengo Sed “Finura divina del Crucificado, porque no vienen de un desgarro como “Padre, por qué me has abandonado “sino de un lamento insinuante. Y finura profunda, porque refleja el arte de enamorar que Jesús ensaya por segunda vez antes de morir. Primero, con una mujer sedienta y ahora, con toda la humanidad sedienta. Comenzó su truco con la Samaritana que se le adelantó al pozo de agua de Jacob. El “Dame de beber “de Jesús termina haciendo repetir a la Samaritana el mismo deseo, con las mismas palabras. Pero nacían de una tierra “reseca agostada. Sin agua” (Salmo 63) las palabras de la Samaritana.
El truco de Jesús funcionó perfectamente. Se reveló el verdadero sentido profundo de su “TENGO SED “en la cruz. Jesús quería decir: Yo soy un manantial. Si supieras quién te pide de beber, serías tú la que me pidieras agua, y Yo te daría de beber. (S .Juan 4,10).
Yo soy tu Agua Viva.
Y la Samaritana se dejó enamorar del lamento de Jesús y consiguió Agua Viva. Y nosotros hacemos Cuaresma del mismo lamento y nos inundamos del Agua Viva de Pascua. Gracias, Jesús, por tanta finura, en el último Viernes de tu vida.