El Maestro Escribe En El Suelo.

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA por el P. Antonio Ciordia
Una mujer. Una pecadora. Una pecadora pública. Tan pecadora y pública que el pueblo la señala como tal. La señala y la condena. Una mujer sorprendida en adulterio. Un baldón para la comunidad. Una mancha que tan solo la muerte puede borrar. ¡Fuera! ¡Debe morir!
Todas las culturas que me son conocidas condenan el adulterio. Es un mal personal, familiar y social. Las reacciones pueden presentarse drásticas, en especial si se trata de la mujer. Un derecho que se viola, un orden que quiebra; una maldición que pude descargar sobre la comunidad. La comunidad, especialmente religiosa, se defiende con severidad.
Hay adúlteros y hay adúlteras. La sociedad machista no se escandaliza tanto de los primeros; contra las segundas puede reaccionar con violencia. El adulterio, sea cual sea el sujeto que lo cometa, es un mal; en lenguaje religioso, un pecado de cierta densidad. La Ley de Moisés lo condena con la pena de muerte. Jesús lo señala como ofensa a Dios y a los hombres.
¿Qué nos trasmiten nuestros medios de comunicación, especialmente en los filmes? No hay film en el que el protagonista o la protagonista no se vean envuelto en algún adulterio. ¿Cuánta degradación sexual invade y pervade nuestra sociedad, y la mina? El mayor enemigo de un país es el derrumbamiento de la familia. El adulterio la carcome. ¿Nos damos cuenta de ello? El adúltero, hoy día, se chulea de ello; la adúltera se esconde y deprecia. Los niños llevan la herida, muy difícil de curar.
Una adúltera a los pies de Jesús. Jesús es un hombre de Dios, observante de la Ley. Y la Ley ordena... ¿tú qué dices, Maestro? Y el Maestro escribe en el suelo. Rostros airados, voces roncas, puños alzados, piedras dispuestas a ser lanzadas, y todo por celo a la Ley, por respeto a Dios, por recta religiosidad. Y el Maestro sigue escribiendo.
Hay mucho celo en la turba, pero corazón poco o nada. Y Jesús "Lance la primera piedra el que se crea sin pecado" Y quedaron solos, de frente, la MISERIA y la MISERICORDIA., el cielo y el barro de la tierra. "Yo no te condeno", fue la frase. "Anda y no peques màs". Al paralítico de la piscina de Betzaida había dicho Jesús. "No peques, no sea que te suceda algo peor".
No se condena la persona, sí, de corazón, el pecado. ¿A quién condenamos nosotros? Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su pecado y viva, dice Dios por Ezequiel.
Y queda soñando, como rusiente canción de amor, "no peques más", "no peques más", "no peques más".
El irse tras otros dioses es un tipo de adulterio. Y dioses pueden presentarse muchos. Quizàs tenemos alguno dentro, tan carne de nuestra arne que formamos una sola cosa con él. Tú, hermano sigue escuchando: "Yo no te condeno; vete y no peques más, no peques más, no peques más". No sea que te suceda algo peor. Pues, en el fondo tú mismo te estás condenando.