Semana Santa.

HOMILIAS DE SEMANA SANTA por el P. Antonion Ciordia
Esta semana lleva tradicionalmente el nombre de santa o sagrada. Y, aunque todo tiempo puede ser tenido consagrado o santo, porque Dios, hecho hombre, ceñido de tiempo y espacio, entró en nuestra historia, el tiempo litúrgico lo es por excelencia, y, dentro de él, esta semana. En ella, pensemos en los tres últimos días, triduo pascual, se celebran concentradamente los grandes misterios de nuestra salvación: Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús. Y queremos celebrarlos.
Hoy, lunes, nuestro pensamiento corre con Isaías al encuentro del Siervo. Son cuatro célebres cantos que presentan como personaje central a un siervo, que por ser de tal calibre y prestancia recibe el nombre de “Siervo del Señor”. Van a ocupar la primera lectura de estos días. El último, el cuarto, es impactante sobre manera. Pero uno tras otro, en un nítido crescendo, van delineando la fisonomía de este hombre de Dios. Y, aunque, “no tenía aspecto”, por el terrible mal que le acosa, presenta un rostro atractivo y conmovedor, precisamente por ser su rostro un sin rostro en favor de todos. Fácil de comprender, problemático en señalar: ¿Quién es? Nosotros poseemos la clave: Cristo Jesús, Señor nuestro.
Ya en las escenas del bautismo y transfiguración, brillantes y determinantes vivencias de Jesús, sueltas hacia fuera, se oyó la voz del Padre: “Este es mi Hijo, mi Predilecto”. Hijo, a tenor del salmo 2. Predilecto, en referencia a Is. 42,1, primer canto del Siervo. Jesús, Hijo y Siervo. Como Hijo obedece de corazón al Padre; como Siervo, revela su condición de Hijo. Una paradoja viva e indisoluble. Será buen Hijo si se comporta como Siervo, y será buen Siervo si se comporta como Hijo. El gran misterio de Jesús. Nosotros lo estamos celebrando.
He aquí al Siervo. Para celebrarlo, hay que comprenderlo; para comprenderlo, hay que contemplarlo; para contemplarlo y saborearlo, y, para saborearlo, hay que tomarse el tiempo necesario y pedir ayuda a Dios. Oración.
Nosotros somos hijos y somos siervos en Jesús Hijo y Siervo de Dios. Llevamos en nosotros no la contradicción sino, por nuestra debilidad, la confrontación diaria. Una paradoja viva. Hemos sido llamados – Iglesia significa la asamblea de los llamados por Dios – y hemos recibido una misión; en la Misión de Cristo naturalmente. Profetas en el Profeta, luz en la Luz, sal en la Sal ... e hijos en el Hijo. Nuestra oración es: “Padre nuestro ...” y nuestra actitud fundamental “Hágase tu voluntad y no la mía”.
No renuncies, hermano, a ser hijo de Dios. Acércate a él con Espíritu filial. Y no seas negligente en obedecer a tu Señor, pues la misión que se te encomienda concurre con la de Cristo a la salvación